vacas rumiando

vacas rumiando

 

La búsqueda de la salud ruminal repercute en la mejora de la producción y bienestar animal.

Es una práctica habitual en ganadería el uso de antibióticos, tanto con fines curativos como preventivos, y por desgracia en la mayoría de los casos, sin criterio veterinario que repercute en la salud ruminal.

Ejemplos de ello los tenemos en los tratamientos a las entradas de los animales a las granjas, en los destetes, en los piensos de iniciación, en los piensos de recría…. así como en cualquier situación de estrés que pueda sufrir el animal, buscando el no desarrollo de ningún germen patógeno en el espacio inmunológico que aparece en estas situaciones.

Yo siempre me he preguntado: ¿por qué estamos tratando con antibióticos a animales sanos? ¿Por qué usamos estos productos durante periodos tan largos de tiempo?

En medicina humana esto lo tienen más que claro; sólo se aplica antibioterapia cuando se diagnostica una bacteria como responsable de la enfermedad.

Con esto, lo único que se pretende es que sea el paciente el que venza a la enfermedad (cuando las infecciones tienen un origen vírico) y que, cuando se necesite antibioterapia, el antibiótico funcione.

El uso de antibióticos no solo tiene efectos beneficiosos, sino que también tiene efectos perjudiciales, originados fundamentalmente por un mal uso o por abuso.

En humanos, el uso exacerbado de estas sustancias en primeras edades está relacionado con el desarrollo de enfermedades como diabetes, obesidad, afecciones intestinales crónicas, de tipo autoinmune.…

ganado comiendo

ganado comiendo

En medicina veterinaria y, sobre todo, en especies rumiantes (debido a la complejidad de su aparato digestivo) el mal uso de los antimicrobianos puede provocar desequilibrios en la flora digestiva, pues el antibiótico no distingue entre la flora propia del individuo y los gérmenes patógenos. Si este desequilibrio no se corrige, el animal empieza a tener problemas de absorción de nutrientes, diarreas y predispone a la aparición de otras enfermedades, fundamentalmente de tipo respiratorio.

Además, cuando se llevan a cabo tratamientos prolongados, no dejamos que el animal pueda crear su propia flora bacteriana, por lo que el desarrollo de ésta está supeditado a la presencia de estas sustancias.

A esto hay que sumarle que, cuando se medica, tanto en pienso como en agua, es realmente difícil ajustar las dosis, con lo cual hay momentos en los que los gérmenes están en contacto con el antimicrobiano a dosis por debajo de las terapéuticas o a dosis excesivamente altas, lo que justifica la aparición en granjas de bacterias multirresitentes que no sucumben a la acción de ningún antibiótico, bien solo o en combinación con otro.

Esto nos puede llevar, en un futuro no muy lejano, a que enfermedades menores se conviertan en letales, pues no tendremos armas para hacerles frente o las que tengamos estarán obsoletas y no funcionarán.

Es un hecho más que contrastado que la flora intestinal es fundamental para el buen funcionamiento del sistema inmune; recordemos que, en ciertas especies, los microorganismos son necesarios para la síntesis de ciertas vitaminas, fundamentalmente la B12 y la K, pues el hospedador por sí solo no es capaz de sintetizarlas. Esto es mucho más importante en rumiantes, al ser la especie con el aparato digestivo más complejo. A día de hoy, no se conoce al cien por cien, el total de especies de bacterias, levaduras, protozoos… que forman parte de la flora ruminal.

terneros rumiando en pasto

terneros rumiando en pasto

Por otro lado, el mayor número de órganos linfoides se encuentra repartido por todo el intestino, pues es una de las principales vías de entrada de gérmenes potencialmente infecciosos.

Por lo tanto, ¿por qué no trabajamos sobre esto, en lugar de dedicarnos a tratar animales enfermos? ¿Por qué no dedicar más tiempo a buscar una perfecta integridad del sistema digestivo? ¿Por qué no buscamos la manera de dotar al animal de las herramientas necesarias para que pueda desarrollar al máximo su inmunidad?

 

La aparición de la enfermedad no es otra cosa que el fracaso de lo que estamos haciendo.

Sin duda hay un largo camino por recorrer, un montón de cosas que aprender, pero es fundamental cambiar el concepto de producción animal y volcar nuestros esfuerzos en aportar salud.

Cuando hablamos con la gente mayor, siempre nos dicen “ había un producto (nadie sabe lo que era) que con un pinchazo, era suficiente para cortar la diarrea…. pero claro, todo lo bueno lo quitan…” Probablemente, la explicación a esto es que hace 50 años se habían usado muy pocos antibióticos y los niveles de intensificación productiva eran infinitamente menores y, por ende, los animales no estaban sometidos a los niveles de estrés productivo actuales, con lo cual cualquier antibiótico funcionaba. Pero eso, hoy por hoy, es una utopía, pasa exactamente todo lo contrario, cada vez son menos los antibióticos cien por cien efectivos.

Para aportar salud ruminal, tenemos varias alternativas. Las más comúnmente usadas son los probióticos, prebióticos (que si proceden de plantas se denominan fitobióticos) y los simbióticos.

El término “prebiótico” incluye una serie de compuestos, no digeribles por el animal, que mejoran su estado sanitario debido a que estimulan el crecimiento y/o la actividad de determinados microorganismos beneficiosos del tracto digestivo.

Por otra parte los probióticos son aditivos alimentarios que incluyen una serie de cultivos vivos de una o varias especies microbianas artificialmente cultivadas que, cuando son administrados a los animales, provocan efectos beneficiosos en los mismos mediante modificaciones en la población microbiana de su tracto digestivo.

Los productos simbióticos, son los que combinan las dos funciones, la del probiótico y la del prebiótico, para obtener un efecto sinérgico.

Cria de ternero

Cria de ternero

Los prebióticos más frecuentemente usados son los de origen vegetal (fitobióticos). Los efectos a nivel digestivo más destacados son los de servir de sustrato para el desarrollo de las bacterias lácticas (propias del individuo) y crear un ambiente adverso para el desarrollo de bacterias tan importantes como son Clostridios y E.Coli. También tienen un efecto antiprotozooario, controlando la población de coccidios y de criptosporidios. Todo esto hace que se comporten como promotores del crecimiento, pues con un intestino sano el animal aprovecha mejor los nutrientes y, por lo tanto, transforma mejor.

 

Además, el uso de alguno de estos fitobióticos, en combinación con antibióticos, hace sensibles a ciertas bacterias que eran resistentes al antibiótico, con lo cual hemos de apuntar un efecto de sinergia o potenciador de algunos antimicrobianos.

Dentro de los probióticos, los más populares son las levaduras del género Saccharomyces. Se usan bien liofilizadas (secoactivas) o vivas previa activación en el exterior del animal. Estas últimas se podrían considerar como un simbiótico, pues contienen metabolitos propios de la actividad estos organismos (se cifran en 340 metabolitos) y son los responsables de aportar nutrientes a la microbiota ruminal haciendo que su influencia en la salud ruminal sea más elevada y evidente.

El mecanismo de acción es mucho más complejo en rumiantes que en monogástricos. En ambos, se trata de aportar flora externa que compita con la flora patógena, pero en rumiantes, además, tienen un efecto estabilizador del rumen, consumiendo el oxígeno y favoreciendo el desarrollo de la flora celulolítica, con lo cual, promovemos un mejor aprovechamiento de los forrajes.

Por lo tanto, tenemos herramientas para prevenir la enfermedad y tenemos que apostar por potenciar la capacidad del individuo para desarrollar respuestas inmunes eficaces con la mejora de la salud ruminal.

 

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